Trastorno límite de la Personalidad

girl-2844095_960_720Encuadrado dentro de los trastornos de la personalidad, se caracteriza por la falta de control de impulsos, escaso manejo de las emociones, tener problemas para relacionarse con los demás y consigo mismos. Aunque, ni es una condición permanente, ni tiene nada que ver con la inteligencia. Las personas con este trastorno suelen, de hecho, ser muy inteligentes.

Según Ryle (1997) el trastorno límite de la personalidad se caracteriza por la disociación de los roles y los estados mentales.

De los trabajos de Otto Kernberg se destacó la noción de defensa primitiva como diferenciación de la neurosis, que induce a proyectar sobre el otro la propia destructividad. Para protegerse utiliza un muy importante mecanismo de defensa: la escisión. La representaciones de la realidad y de sí mismo, escinden por una lado en buenísimas e ideales y en otras totalmente malas. Esta escisión es lo que le aproxima a la organización psicótica, que conlleva incapacidad para distinguir entre sí mismo y lo demás. Representan las relaciones en términos bipolares.

Los orígenes del trastorno no son claros. Durante mucho tiempo se manejó su relación con la Teoría del apego, y que los progenitores pudiesen haber reflejado en el futuro individuo límite la expresión de su propia angustia y su incapacidad para gestionarla. Podría ser probable también que la disociación pueda estar ligada a experiencias traumáticas o graves carencias, y haya afectado a la capacidad autorreflexiva requerida para la coherencia de la conducta. En la actualidad se admite que esto no es así en todos los casos y que su origen pueda ser orgánico también.

Sus estados mentales le hacen percibir a las demás personas de forma rápida y caótica y les impide distinguir si la persona que tienen delante es una víctima, una amenaza o simplemente le resulta desagradable. Esto se define como Hiperproducción de las narraciones y Déficit de Jerarquización. Se alternan narrativas y comportamientos oscilantes, y roles que van de un extremo a otro.

Los individuos límite no poseen muchos de los mecanismos de defensa, y esta falta les encierra en círculos mentales viciosos. Generan un bucle donde una representación activa un estado emocional que le dirige hacia otra representación similar que alimenta la misma condición emocional, con pensamientos distorsionados de ideación paranoide o disociación, que puede incluso llegar a la psicosis.

Es un déficit entre representación y realidad, pero se diferencia del trastorno paranoide la personalidad en que el límite recupera el sentido de la realidad cuando está fuera de los estados emocionales desregulados.

Los estados mentales y los ciclos interpersonales se desarrollan a partir de dos elementos nucleares: el Yo indigno, (en el que hay una percepción de que hay algo en él que no está bien, no es adecuado, profundamente inepto y loco), y el Yo vulnerable (percepción de poder ser fácilmente herido, anulado o expuesto).

Tienen estados invalidantes manifestados en una constante denigración del Yo, que suele tener una estructura defensiva de rasgos narcisistas (tendencias de grandiosidad). Sienten mucha intolerancia a la frustración. Su diálogo interno es sarcástico y en tono tribunal. Rabia intensa alimentada por agravios reales o imaginados, prevalencia de temas persecutorios y tendencias autoagresivas.

Por el contrario tienen también estados de pena y culpa, que sienten después de haber ejercido el rol de abusador y suelen darse juntos a conductas autolesivas expiatorias.

Un tercer estado es el de vacío y anestesia emocional, en el que consiguen distanciarse de todo y lo perciben como un estado de control e invulnerabilidad. Un desapego completo del mundo. Estos estados pueden acompañarse con intentos de suicidio.

Esta gestión termina alimentando el sentimiento de indignidad / vulnerabilidad / vacio / gestión desregulada / indignidad / vulnerabilidad ……

Aún así las personas con este trastorno pueden establecer relaciones importantes en su vida que resultan en ciclos positivos, aunque suelen ser temporales, con representaciones escasamente realistas, excesivamente idealizadas y con muchas expectativas. Aún así, es el mejor estado para la terapia. Las idealizaciones del otro son un importante recurso terapéutico.

Sonia Budner

Fuentes: A. Semerari / Giancarlo Dimaggio.

 

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